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Mostrando entradas de julio, 2025

Reflection on Trust

  Reflection: “Trust is a treasure built through actions and destroyed by a single betrayal. The shadow, a symbol of constant companionship, teaches us a painful lesson: even what seems inseparable can vanish in the darkness. The same is true of certain people, whose loyalty lasts only as long as the light of convenience shines. Learning to discern whom to trust is one of the deepest challenges of the human soul.” — Lucelar

El Bosque del Invierno que Regresa

Alegoría: El Bosque del Invierno que Regresa Por Lucelar Érase una vez un vasto bosque donde vivían animales de todo tipo: ciervos, zorros, búhos, ardillas, tejones… Cada especie tenía su lugar, aunque no todos eran iguales. Algunos eran más grandes, con más sombra y alimento; otros se refugiaban bajo ramas delgadas y se movían con cuidado para no ser vistos. Durante años, una estación dura llamada  El Invierno del Rugido  gobernó el bosque. Bajo su dominio, muchos animales pequeños vivieron con miedo. El viento del norte soplaba nombres extraños, acusaciones y amenazas. Algunos fueron expulsados del bosque, otros se escondieron bajo tierra. Solo los más fuertes o los que sabían imitar a los grandes podían caminar sin ser perseguidos. Pero luego llegó una  primavera breve , y con ella, algo de alivio. Los árboles empezaron a florecer, las voces pequeñas se alzaron un poco más, y los animales comenzaron a creer que podían construir madrigueras seguras, criar a sus crías y ...

Beneath the Bridge of Quiet Hours

  Beneath the Bridge of Quiet Hours By Lucelar I sit where the water whispers low, Its emerald hush a lullaby, And autumn’s gold begins to snow From trembling leaves against the sky. A wooden bridge arches, calm and wise, Its back worn smooth by time and rain, A passage for forgotten sighs, Where deer once crossed, and dreams remain. The trees lean in like old, kind friends, Their trunks etched deep with bark and grace, And light through yellow branches bends, A stained-glass hush upon this place. The stream flows clear with ancient thought, It tells no lies, it holds no weight— Just rocks and leaves the current caught, All drifting slow, resigned to fate. No need for words, no voice, no scheme— Just breath, just heart, just here and now. The world is paused inside this dream, While peace sits gently on my brow.

Bajo la luna de papel

  Bajo la luna de papel Por Lucelar A la orilla del río callado, bajo un cielo de seda y azul, camina una madre en kimono bordado, de la mano va su hija en tul. La noche respira en silencio sereno, y el agua murmura canción ancestral. Un árbol inclina su tronco moreno como un viejo guardián del umbral. La choza de techo de paja dormita, su luz titilante parece rezar. Mientras la luna, en lo alto, gravita, como un dios de mirada sin par. Los pasos son lentos, la escena sagrada, de un Japón que respira en quietud. Hay ternura en la estampa grabada, y en sus sombras, la infancia y la luz.

Childhood memories of my hometown

  Childhood memories of my hometown Jess Ciccas The train rumbled northward, leaving behind San Diego’s sun-stained skyline, slicing through the silence of the California countryside. I sat by the window, chin resting on my palm, lulled by the rhythm of the tracks and the hum of passengers scrolling through phones or dozing behind earbuds. But my mind—my mind was far away. Somewhere between Oceanside and the inland hills, I drifted. Not just in thought, but in time. I saw myself standing at the edge of a dirt road, under a wide blue sky that belonged to a different world. There was no traffic here—no steel rails, no horns or diesel fumes. Just the smell of warm earth, sweet hay, and something faintly burnt from a wood stove nearby. The sign above a cracked post read: Azacuelpa. The place where my story began. I was only two years old when I lived there, and yet in this moment, I remembered it all—clearer than yesterday, brighter than the sun that now flickered against the train win...

Memorias de mi pueblo

 “Memoria de mi Pueblo Azacualpa, Chalate” Por Lucelar (nombre de pluma)  El tren avanzaba rumbo al norte, dejando atrás el perfil dorado de San Diego, cortando el silencio del campo californiano. Iba sentado junto a la ventana, con el mentón apoyado en la palma, arrullado por el ritmo de las vías y el murmullo de los pasajeros que hojeaban sus celulares o dormían con audífonos. Pero mi mente—mi mente estaba muy lejos. En algún punto entre Oceanside y las colinas del interior, me perdí. No solo en pensamientos, sino en el tiempo. Me vi a mí mismo parado al borde de un camino de tierra, bajo un cielo azul que pertenecía a otro mundo. No había tráfico allí—ni rieles de acero, ni bocinas ni humo de diésel. Solo el olor de la tierra tibia, el heno dulce, y algo ligeramente quemado que venía de un fogón cercano. Sobre un poste agrietado colgaba un letrero: Azacuelpa. El lugar donde empezó mi historia. Solo tenía dos años cuando viví allí, y sin embargo en ese instante lo recordé to...

The Other Rib of Death

  The Other Rib of Death (illustrated translation) Gabriel García Márquez (1948) Without knowing why, he woke up with a start. A sharp scent of violets and formaldehyde drifted strongly from the other room, mingling with the aroma of freshly opened flowers coming from the dawn-lit garden. He tried to calm himself, to regain the composure that had suddenly vanished in his sleep. It must have been early morning, for outside, in the orchard, the water jet had begun to sing among the vegetables, and the sky was already blue through the open window. He scanned the shadowy room, trying to understand the cause of his abrupt, unexpected awakening. He had the distinct, physical certainty that someone had entered while he slept. And yet, he was alone, and the door—locked from the inside—showed no signs of being forced. A star flickered over the window’s edge. He remained still for a moment, attempting to loosen the nervous tension that had pushed him to the surface of sleep. Closing his eyes...

La Realidad de la Niñez Huérfana

  La Realidad de la Niñez Huérfana  —Lucelar En la víspera de su internamiento en el horfanato, su estómago se agitaba con un enjambre inquieto de mariposas, sus alas frenéticas desatando una tormenta de temor dentro de él. La incertidumbre de lo que le esperaba lo carcomía, una sombra de terror proyectada sobre el umbral de un lugar que solo podía comparar con el infierno. Con el abandono de sus padres, no tenía más opción que someterse a la voluntad de su familia. La vida, tal como la había conocido, había sido cortada de raíz. El mundo que una vez estuvo lleno de historias y maravillas se desmoronaba bajo sus pies, dejándolo al borde de un precipicio. Hasta los siete años, los libros habían sido su refugio—mundos de fantasía que prometían aventura, heroísmo y escape. Pero la fantasía no era más que eso—fantasía. La realidad, brutal e implacable, había llegado para reclamarlo. No había negociación, no había piedad. Debía entrar al orfanato y permanecer allí durante los próxi...

La Historia de Elías, el Último Hombre

 La Historia de Elías, el Último Hombre Había una vez un hombre llamado Elías, que vivía en una época en la que la guerra había terminado, las ideologías se habían desvanecido y el mundo era estable. Elías nació en la comodidad: nunca temió al hambre, la enfermedad ni la violencia. Tenía acceso al conocimiento, a la tecnología y a todos los placeres que el mundo moderno podía ofrecer. Desde niño le dijeron que la historia había culminado en esta era de paz. Ya no había revoluciones que unirse, ni dioses a quienes adorar, ni tiranos que derrocar. El mundo solo le pedía que disfrutara de su vida. Y al principio, así lo hizo. Elías estudió, trabajó y consiguió un buen empleo. Tenía un apartamento cómodo, veía películas en línea, comía bien y viajaba cuando quería. Pero sentía una inquietud silenciosa. Por las noches, acostado en su cama, miraba el techo y pensaba: ¿Esto es todo? Los grandes héroes del pasado sacrificaron todo por la libertad, el honor o la verdad. Pero a Elías ya no s...

The Siberian Dream

The Siberian Dream (from a Bench in Chicago) By Lucelar It was just past 5:00 in the evening, and I sat alone on a splintered wooden bench at a windswept station outside Chicago, waiting for the evening train. Snow fell in slow spirals, softening the edges of the world. I pulled my coat tighter, breath fogging in the cold, and let my thoughts drift. At 65, I’ve seen enough winters to know how easily memory slips into reverie. And before I even realized I had closed my eyes, I was no longer in Illinois. The bench was the same, but everything else had changed. The landscape stretched white and endless. The trees that framed the platform were tall, spectral things, wrapped in frost. A train hissed into the station, black and ancient, with a great headlamp glowing like a dying star. I boarded it without hesitation. It carried me to Siberia. When I stepped off, I was in a land so cold it seemed time had frozen with it. The wind howled low, like a warning. Snow creaked underfoot. I thought I...

El Peso del Tiempo

  “El Peso del Tiempo” Escrito por Lucelar Veo en tu semblante el susurro del tiempo, esas huellas suaves que el alma ha tallado, cada arruga, un recuerdo, una lucha, un abrazo, cada surco, un testigo de lo que has amado. Tus ojos, dos faroles de historias vividas, reflejan la calma de quien ya ha vencido. En tu frente descansa, como corona antigua, el orgullo sereno de lo que has construido. Recuerdas con ternura lo que un día fuiste: el fuego joven, el sueño invencible, las manos que alzaron, sin miedo ni tregua, el hogar, la esperanza, el pan y la vida. Y aunque el paso es lento, firme es tu andar, como río que no corre, pero aún da forma al mar. Cuando sonríes y alguien te llama “viejo”, no saben que es un título ganado con el alma. No saben que también llegarán a esa cima, donde el tiempo no resta, sino revela la esencia. Tú no envejeces, mi viejo, tú floreces distinto, como el vino añejado que guarda su belleza.

Luz de Mañana

Luz de Mañana (Sonsonate 1964)   Escrito por Lucelar Luz de mañana, cielo sin velo, Desperté al canto del ave en el cielo. Mañana calorosa, densa de vapor, sudaba la tierra su antiguo color. Desde el alero cantaba el palomo, su arrullo llenaba mi cuarto en aplomo. Me asomé curioso y vi con ternura las calles empedradas, llenas de dulzura. Era Sonsonate, mi tierra natal, donde el tiempo dormía en su ritmo rural. Pasaba una carreta con lento crujir, y el sol comenzaba su largo subir. Los bueyes, cansados, sudaban al paso, rodando la rueda con chillido escaso. Pedía la rueda su punto de grasa, saltando en las piedras que el tiempo no arrasa. El carretero, silbando tranquilo, con manos curtidas por sol y por filo, guiaba la carga con voz de oración, como si el camino escuchara el ronzón. Olor a café, tortillas y leña, el alma del pueblo en la brisa se empeña. Y yo, un niño aún, de rostro moreno, sentí que ese día era eterno y sereno.