Alegoría: El Bosque del Invierno que Regresa
Por Lucelar
Érase una vez un vasto bosque donde vivían animales de todo tipo: ciervos, zorros, búhos, ardillas, tejones… Cada especie tenía su lugar, aunque no todos eran iguales. Algunos eran más grandes, con más sombra y alimento; otros se refugiaban bajo ramas delgadas y se movían con cuidado para no ser vistos.
Durante años, una estación dura llamada El Invierno del Rugido gobernó el bosque. Bajo su dominio, muchos animales pequeños vivieron con miedo. El viento del norte soplaba nombres extraños, acusaciones y amenazas. Algunos fueron expulsados del bosque, otros se escondieron bajo tierra. Solo los más fuertes o los que sabían imitar a los grandes podían caminar sin ser perseguidos.
Pero luego llegó una primavera breve, y con ella, algo de alivio. Los árboles empezaron a florecer, las voces pequeñas se alzaron un poco más, y los animales comenzaron a creer que podían construir madrigueras seguras, criar a sus crías y hablar con libertad. El hielo parecía retroceder.
Sin embargo, ahora se escuchan de nuevo pasos pesados en la nieve. El Invierno del Rugido amenaza con volver. Los cielos se oscurecen, y muchos animales temen que los arbustos donde se escondían ya no sean suficientes. Sienten que el bosque podría volverse otra vez un lugar de vigilancia, expulsión y temor.
Las ardillas guardan sus semillas con ansiedad, los búhos ya no cantan al anochecer, y los ciervos se mueven en grupos, cuidando a los más jóvenes. Todos escuchan el eco del rugido que se aproxima, y aunque no ha llegado, ya sienten en la piel el frío que anuncia.
Y así, viven en un bosque donde la estación no ha cambiado, pero el miedo sí ha vuelto.

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