El Banco bajo el Árbol Sauce Lo primero que Daniel notó fue el silencio . No el sosiego de la noche, sino una quietud densa y luminosa, como la pausa entre un latido y el siguiente. Abrió los ojos a un cielo teñido de violeta y rosa, ni amanecer ni atardecer. Un estrecho sendero de grava atravesaba un prado bañado en luz suave. En la curva del camino se alzaba un solo sauce, sus largas ramas verdes meciéndose como si las agitara una marea invisible. En el banco de madera, bajo el sauce, estaba la abuela Rosa . Lucía exactamente como él la recordaba: el cabello plateado recogido en un moño impecable, el tenue aroma de jabón de lavanda, la mirada cargada de un amor tranquilo. Había muerto hacía más de veinte años. Daniel avanzó tambaleante. —¿Abuela? —su voz se quebró. Ella sonrió, serena y consciente—. Hola, Danny. Te has tardado. Él parpadeó, intentando recomponer el último recuerdo. La carretera mojada por la lluvia. El chirrido de los frenos. El destello cegador de las luc...