Noche Amargada
La luz se quiebra en la garganta del grillo,
la rana, verde campana,
tañe su salto sobre la sangre negra.
En la colina,
un soldado dibuja relámpagos torcidos,
su sombra se astilla en las balas,
su aliento es un relincho de pólvora.
El cielo arde con hélices de hierro,
y la puerta del mundo
se abre a golpes de metralla.
Huele a tierra rota,
a pan que no se horneará mañana,
a cartas sin destino.
Todo es un infierno detenido
en el filo de un segundo.
No tengo más patria que el agua,
ni más bandera que mi silencio.
Me lanzo al lago,
y en su vientre frío
me hago piedra,
me hago sombra,
me hago olvido.
—Lucelar

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