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La matanza del treinta y dos


 

La matanza del treinta y dos


Martínez fue el verdugo,

la sombra negra que cayó

sobre los campesinos,

que sólo pedían igualdad.


En el treinta y dos la tierra

se tiñó con sangre india,

gritos que rompieron el silencio,

voz de un pueblo que ya no calló.


Juan Gavidia, hijo de esta tierra,

con fusil en mano disparó,

balas que atravesaron hermanos,

lealtad vendida al opresor.


Cada cuerpo que al suelo caía,

era un lamento, un suspiro roto,

y Juan, con los años, vivió,

contando vidas que él mismo mató.


Hoy el viento trae sus recuerdos,

la memoria no se puede enterrar,

el clamor de los que fueron

sigue vivo, no dejará de gritar.


Pero de la tierra herida,

brotan semillas de esperanza,

porque mientras haya memoria,

renace siempre la resistencia.

Lucelar 

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