La calle sin juicio
En mi Sonsonate picaron,
hay una calle de pura tentación,
donde los muchachos llegan de cacería,
no por venado… sino por compañía.
Allí las “rosas marchitas” florecen de noche,
y te venden perfume… con guiño y derroche.
Prometen aventuras “culturales y profundas”,
que luego se olvidan… con resaca y segundas.
Si algún sonsonateco nunca pasó por ahí,
no es que sea santo ni puro angelito,
es que en casa lo tenían bajo llave,
y de novia… solo la almohada sabe.
Pero cuidado, que en plena parranda,
llegan los cuilios como banda,
y al que el guaro le soltó la lengua,
se lo llevan a cantar… pero a la mengua.

Comentarios