El Calvario
En el año treinta y tres de la era cristiana,
En el Calvario, mi alma se estremece.
Observo al hombre de la carpinteria,
Sufriendo en silencio, su agonia.
¿Por qué lo acusan? No comprendo,
Solo sé que blasfemia no ha habido.
En su rostro, el dolor se refleja,
Pero también veo una paz que alegra.
Un espiritu noble, en su mirada,
Con la promesa de unión eterna,
Con su padre en el reino celestial,
Donde la paz reina, en lo eternal.
Aunque el sufrimiento sea su destino,
Sé que su alma encuentra consuelo,
En la certeza de un amor divino,
Y la esperanza de un reencuentro anhelado.
En esta escena de amor y armonia,
Contemplo con reverencia y empatía,
El sacrificio de este hombre, carpintero,
Que en su sufrimiento, halla consuelo verdadero.
En su viaje ya venidero, en el sendero.
Escrito por Lucelar
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