Caminito de Tarde Dorada
Regreso del lago con paso sereno,
mi cesta con peces, el aire de trueno.
Las hojas doradas bailan en el suelo,
susurran al bosque secretos del cielo.
Una zorra se asoma, me mira y calcula,
sus ojos de brasa, su cola se ondula.
El cuervo vuela cerca, me pide alimento,
su grazno resuena en el aire del viento.
Me siento en el banco, respiro profundo,
la calma del campo me envuelve en su mundo.
La tarde se apaga, la luz se derrama,
y en mi pecho late la paz de la rama.
—Lucelar

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