Mis Tardes Sabatinas en la Ciudad de los Niños
“El Peso del Tiempo” Escrito por Lucelar Veo en tu semblante el susurro del tiempo, esas huellas suaves que el alma ha tallado, cada arruga, un recuerdo, una lucha, un abrazo, cada surco, un testigo de lo que has amado. Tus ojos, dos faroles de historias vividas, reflejan la calma de quien ya ha vencido. En tu frente descansa, como corona antigua, el orgullo sereno de lo que has construido. Recuerdas con ternura lo que un día fuiste: el fuego joven, el sueño invencible, las manos que alzaron, sin miedo ni tregua, el hogar, la esperanza, el pan y la vida. Y aunque el paso es lento, firme es tu andar, como río que no corre, pero aún da forma al mar. Cuando sonríes y alguien te llama “viejo”, no saben que es un título ganado con el alma. No saben que también llegarán a esa cima, donde el tiempo no resta, sino revela la esencia. Tú no envejeces, mi viejo, tú floreces distinto, como el vino añejado que guarda su belleza.
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