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Mis Tardes Sabatinas

Mis Tardes Sabatinas en la Ciudad de los Niños 




 

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El Peso del Tiempo

  “El Peso del Tiempo” Escrito por Lucelar Veo en tu semblante el susurro del tiempo, esas huellas suaves que el alma ha tallado, cada arruga, un recuerdo, una lucha, un abrazo, cada surco, un testigo de lo que has amado. Tus ojos, dos faroles de historias vividas, reflejan la calma de quien ya ha vencido. En tu frente descansa, como corona antigua, el orgullo sereno de lo que has construido. Recuerdas con ternura lo que un día fuiste: el fuego joven, el sueño invencible, las manos que alzaron, sin miedo ni tregua, el hogar, la esperanza, el pan y la vida. Y aunque el paso es lento, firme es tu andar, como río que no corre, pero aún da forma al mar. Cuando sonríes y alguien te llama “viejo”, no saben que es un título ganado con el alma. No saben que también llegarán a esa cima, donde el tiempo no resta, sino revela la esencia. Tú no envejeces, mi viejo, tú floreces distinto, como el vino añejado que guarda su belleza.

EN PAZ CON MI DESTINO

  EN PAZ CON MI DESTINO Ya cerca de mi ocaso, te miro sin temores, destino que me diste espinas y flores; forjaste en mis manos la fuerza del acero y en mi pecho, el calor de un fuego verdadero. De niño, entre muros fríos y ajenos, aprendí que la fe rompe los inviernos, que la esperanza crece en tierra estéril si el alma la riega con sueños fértiles. De mares lejanos crucé la corriente llevando en los ojos mi norte presente. No hallé sendas lisas ni cielos sin nubes, pero en cada paso planté mis virtudes. Amé y fui amado; hijos y risas fueron mis cosechas, fueron mis delicias. Del sudor ganado nació mi abrigo, y en cada jornada me encontré conmigo. Hoy, con la frente limpia y el corazón sereno, te digo, destino, con voz que no tiembla: He vivido lo mío, he cumplido mi trecho, y en paz, para siempre, te dejo mi pecho. — Lucelar  

What Really Lasts

  What Really Lasts Don’t try to make your name live forever in stone or lists of achievements. Those things fade, no matter how carefully you record them. What truly lasts are the feelings and moments of your life— the hopes that lifted you, the pain that shaped you, the joy that made you feel alive. Your real legacy isn’t what you leave behind in objects or titles. It lives in the people whose lives you touch, in those who carry a piece of you forward, and in the echoes of your actions and words that continue in others. This is how life endures—quietly, subtly, and beyond any monument. — Quote — “Names and titles fade, but the hope, pain, and joy you share endure. Your true legacy lives in the lives you touch and the echoes of your actions in others.”